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Juan Atkins: del garaje de Belleville al nacimiento del techno

HISTORIA DE… · 3 NOV 2026

Juan Atkins: del garaje de Belleville al nacimiento del techno

Por TECHNO PARTY · 3 de noviembre de 2026 · 8 min de lectura

Antes de que existiera la palabra techno, un chaval de Detroit ya lo estaba haciendo con un sintetizador barato, una caja de ritmos y la radio encendida. Juan Atkins no solo grabó algunos de los primeros discos del género: le puso nombre, montó su propio sello y tendió el puente con Berlín que cambió la música electrónica para siempre. Repasamos su vida, desde el garaje de Belleville hasta su último viaje a Ciudad de México.

Juan Atkins: del garaje de Belleville al nacimiento del techno

Un niño de Detroit

Juan Atkins nació en Detroit el 12 de septiembre de 1962. Su padre se dedicaba a organizar conciertos, así que en casa siempre hubo música, instrumentos y gente del mundillo entrando y saliendo. Con 12 años ya tocaba el bajo en bandas de funk del barrio, más pendiente de Parliament y Funkadelic que de los deberes del colegio.

Por las noches tenía una cita fija con la radio: el programa de The Electrifying Mojo, un locutor que mezclaba sin complejos a Prince con Kraftwerk, a los B-52’s con el funk más pesado. Ese cóctel imposible, donde las máquinas europeas sonaban al lado de la música negra americana, se le quedó grabado. Muchos de los que después inventarían el techno de Detroit coinciden en lo mismo: sin Mojo no habría pasado nada.

Cuando tenía 14 o 15 años se mudó a Belleville, una pequeña localidad a unos cuarenta kilómetros de Detroit, cerca de su abuela. Allí la convenció para que le comprara su primer sintetizador, un pequeño Korg. Con él empezó a grabar maquetas en casa, sumando capas de sonido con un par de grabadoras, sin saber todavía que estaba dando los primeros pasos de un género nuevo.

Detroit era entonces la ciudad del motor en plena crisis: fábricas cerrando, barrios vaciándose y la sensación de que el futuro se estaba construyendo con robots en las cadenas de montaje. Esa mezcla de decadencia industrial y fascinación por la tecnología acabaría siendo el paisaje sonoro de su música: cómo sonaría la música de baile en un mundo dominado por las máquinas.

Juan Atkins: del garaje de Belleville al nacimiento del techno

Los Belleville Three y Cybotron

En el instituto de Belleville conoció a dos chavales más jóvenes que él: Derrick May y Kevin Saunderson. Los tres compartían discos, cintas y obsesiones, y con los años se les acabaría conociendo como los Belleville Three, el trío fundador del techno de Detroit. Juan era el mayor y el que más adelantado iba con las máquinas; Derrick y Kevin aprendieron mucho de él antes de montar sus propios proyectos.

Al empezar la universidad, en el Washtenaw Community College, cerca de Ann Arbor, se cruzó con Rick Davis, un veterano de Vietnam unos diez años mayor que él y tan apasionado de los sintetizadores como él. En 1980 formaron Cybotron. Su primer single, «Alleys of Your Mind», lo editaron ellos mismos en 1981 y empezó a sonar en la radio de Detroit, con Mojo como gran valedor.

Después llegaron «Cosmic Cars» y, sobre todo, «Clear», publicado en 1983 dentro del álbum «Enter». Era funk, pero hecho con cajas de ritmos y sintetizadores, con la frialdad de Kraftwerk y el groove de Parliament en el mismo tema. Sonaba a futuro, a coches, a fábricas y a ciudad, y con el tiempo se convirtió en uno de los discos más influyentes del electro y del techno.

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Metroplex y Model 500

En 1985 Cybotron se separó: Davis quería ir hacia un sonido más rockero y Atkins quería seguir explorando la música de baile hecha con máquinas. Ese mismo año fundó su propio sello, Metroplex, una decisión que lo cambió todo. Ya no dependía de nadie para grabar, prensar y vender su música.

En Metroplex empezó a publicar en solitario con el alias Model 500. «No UFO’s», su primer single, fue un pequeño terremoto en los clubs de Detroit y Chicago. Le siguieron temas como «Night Drive (Thru-Babylon)», «Testing 1-2» y «The Chase», que definieron el sonido del techno temprano: ritmos secos, líneas de bajo hipnóticas y atmósferas de ciencia ficción.

El sello también sirvió de plataforma para otros productores de la ciudad, y su ejemplo empujó a Derrick May a crear Transmat y a Kevin Saunderson a montar KMS. Hacerlo todo uno mismo, desde el estudio hasta la distribución, se convirtió en la seña de identidad de Detroit y en el modelo que copiarían miles de sellos independientes en todo el mundo.

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El disco que le dio nombre al género

En 1988 el sello británico 10 Records, del grupo Virgin, preparaba un recopilatorio con lo mejor que salía de Detroit. La idea inicial era vender aquella música como una variante del house de Chicago, que entonces arrasaba en Reino Unido, y el disco iba a llamarse algo parecido a «The House Sound of Detroit».

Pero Atkins tenía un tema nuevo para el recopilatorio y se llamaba «Techno Music». La palabra la había sacado años antes de «La tercera ola», el libro del futurista Alvin Toffler, que hablaba de los «rebeldes tecnológicos». Con ese tema como bandera, el disco acabó saliendo como «Techno! The New Dance Sound of Detroit». Así se bautizó el género en Europa y así se le sigue llamando hoy en todo el mundo.

Aquel recopilatorio puso a Detroit en el mapa de las revistas y de los clubs británicos. Atkins, May y Saunderson empezaron a viajar a Europa, donde su música se entendía mejor que en su propia ciudad, y el techno dejó de ser un secreto de unos pocos chavales del Medio Oeste.

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Detroit se une a Berlín

A principios de los noventa Berlín acababa de reunificarse y estaba llena de edificios vacíos convertidos en clubs. En uno de ellos, Tresor, montado en la cámara acorazada de unos antiguos grandes almacenes, el techno de Detroit era casi una religión. Atkins se convirtió en uno de sus invitados más queridos.

En 1992 se juntó en Berlín con Moritz von Oswald y Thomas Fehlmann. Bajo el nombre de 3MB publicaron un disco en el sello Tresor que unió para siempre el techno de Detroit con el de Berlín: la conexión entre las dos ciudades que marcaría toda la década. Durante esos años también sacó música con otro alias, Infiniti, con un sonido más profundo y melódico.

Aquella alianza no fue solo musical. Tresor y los clubs berlineses dieron a los productores de Detroit un público, un circuito y unos ingresos que en Estados Unidos no tenían, y Berlín encontró en ellos el sonido que mejor encajaba con una ciudad que se estaba reinventando.

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Discos de toda una vida

Como Model 500 siguió publicando durante décadas sin perder el norte. «Deep Space» llegó en 1995 y «Mind and Body» en 1999, dos álbumes que llevaron su sonido a un formato largo sin renunciar a la pista de baile. En 2005 publicó «The Berlin Sessions», grabado en la capital alemana, y en 2015 volvió como Model 500 con «Digital Solutions», demostrando que su manera de entender las máquinas seguía vigente.

Su influencia llegó mucho más allá de los clubs. Missy Elliott sampleó «Clear» de Cybotron en «Lose Control», uno de sus grandes éxitos, y aquel riff de sintetizador hecho en Detroit a principios de los ochenta acabó sonando en radios y discotecas de todo el planeta. Productores de electro, hip hop y pop han vuelto una y otra vez a sus discos para buscar ideas.

Como DJ, siguió girando por todo el mundo, Europa incluida, con sesiones en las que mezclaba sus clásicos con lo nuevo que le interesaba. Para muchos públicos era un privilegio escuchar en directo a una de las personas que había estado allí desde el primer día.

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Borderland y la vuelta de Cybotron

La amistad con Moritz von Oswald dio otro fruto más tarde: el dúo Borderland. En 2013 publicaron su primer álbum, «Borderland», y en 2016 llegó «Transport», el disco con el que celebraron los 25 años de Tresor. Era la confirmación de que la conexión entre Detroit y Berlín seguía viva más de veinte años después.

Desde 2018 había vuelto a llevar Cybotron al directo, con actuaciones en el Barbican de Londres o en Dekmantel, y el 13 de octubre de 2023 Tresor editó «Maintain the Golden Ratio», el primer material nuevo del grupo en 28 años, con el que había empezado todo cuarenta años antes. Fue un regreso a sus raíces, a aquella mezcla de funk y futuro que había nacido en un garaje de Belleville y que con el tiempo había cambiado la música de medio mundo.

Para entonces ya era una figura de referencia a la que las nuevas generaciones miraban con respeto. Productores jóvenes de Detroit, Berlín, Londres o Madrid seguían citando sus discos de Model 500 como el punto de partida de todo lo que vino después, y sus temas de los ochenta seguían sonando en las cabinas como si acabaran de salir del estudio.

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Su último viaje

Juan Atkins iba a pinchar el sábado 31 de octubre en YuYu Cine Club, en Ciudad de México, en una celebración del Día de Muertos con música inédita de Cybotron y Model 500. Antes de la actuación lo encontraron inconsciente en la habitación de su hotel y murió poco después en el hospital, a los 64 años. Su agencia, Greensmith Artists, confirmó la noticia el 1 de noviembre, sin dar la causa: «Siempre pensamos que habría más». Kevin Saunderson, su compañero de los Belleville Three, le despidió en redes: «Juan fue el creador del techno, un verdadero visionario que nos abrió la puerta a muchos de nosotros, a mí incluido».

Se va el hombre que le puso nombre al techno, pero se queda todo lo que construyó: el sonido de Detroit, la idea de que un productor puede hacerlo todo por su cuenta y un puente con Europa por el que siguen pasando generaciones de artistas. Cada vez que suena una caja de ritmos en un club oscuro, hay un poco de aquel chaval que grababa maquetas con un Korg en casa de su abuela.